domingo, 3 de julio de 2011

DON JOSÉ DE ESPRONCEDA


Este poeta y revolucionario fue uno de los más grandes románticos españoles, el más popular del siglo XIX. Su vida integra la rebelión moral y la política, y su estilo se caracteriza por las imágenes arrebatadas y la permanente contradicción de dos estados anímicos: la exaltación y el desaliento.

Nació en Almendralejo (Badajoz), en 1808, pero se mudó pronto a Madrid y comenzó con notable aprovechamiento sus estudios, bajo la dirección del famoso don Alberto Lista.

A los quince años, el día en que fue ahorcado el general Riego, fundó una sociedad secreta, Los Numantinos, para vengar su muerte. Las actividades de los jóvenes conspiradores fueron descubiertas y ellos, condenados a cinco años de cárcel, que se redujeron a unas semanas en un convento de Guadalajara, donde Espronceda compuso el poema Pelayo.

Con dieciocho años se exilió voluntariamente a Lisboa , donde conoció a Teresa Mancha, a quien siguió hasta Londres. Tras un viaje a Holanda en 1828, se instaló en París, donde participó en la revolución de 1830, y entró en España con una expedición de revolucionarios, que fracasó. Fue desterrado y durante ese periodo compuso varias poesías y la tragedia Blanca de Borbón. Raptó a Teresa, a quien había vuelto a encontrar casada y con hijos, y marchó con ella a España (1833). Ella le inspiraría uno de sus poemas más hermosos: Canto a Teresa. Vivió la triple embriaguez romántica del amor, la libertad y la patria.

Al regresar, indultado, a España en 1833, tomó parte en otros pronunciamientos que le supusieron nuevas persecuciones. En un banquete pronunció un discurso satírico en verso, que hizo hablar a toda la corte, y fue desterrado a Cuéllar, donde compuso El Estudiante de Salamanca. Posteriormente inició una brillante carrera literaria, diplomática y política. Adquirió fama nacional a partir de 1836, cuando publicó La canción del pirata que, a pesar de su discutida deuda con Lord Byron, constituye el manifiesto lírico del romanticismo español con su intensa defensa de la libertad, la rebeldía religiosa, social y política. Ese poema y otros ya conocidos se recogieron en Poesías de don José de Espronceda, de 1840, donde junto a poemas que reflexionan filosóficamente sobre el destino humano, aparecen otros políticos y amorosos. Tras la muerte de Teresa (1839), realizó nuevas interpretaciones del amor, como ocurre en el famosísimo poema A Jarifa en una orgía, donde expresa desilusión, hastío, lamentación del placer perdido y rebelión contra la realidad de la vida, con un lirismo contenido que añade ritmos poéticos inéditos que anticipan la versificación modernista.

En 1842, el mismo año de su muerte ocurrida en Madrid, fue elegido diputado a Cortes por el Partido Progresista, donde dio muestras de una excelente formación política.

El estudiante de Salamanca, incluido en las Poesías, funde poesía dramática y narrativa, y es precursor del Don Juan Tenorio de Zorrilla, que incorpora elementos de la novela gótica inglesa. Cárcel, amor, crimen, dolor y muerte también aparecen en el inconcluso El Diablo Mundo, de 1840, un extenso poema cuyo protagonista es testigo de excepción de todas las tragedias y los destinos humanos.

Espronceda también escribió la novela histórica Sancho Saldaña, aparecida en 1834, el relato fantástico La pata de palo, de 1835, la sátira El pastor Clasiquino, de 1835, y muchos artículos y obras dramáticas, que la crítica considera decepcionantes. Sin embargo, algunas de sus poesías, como las citadas y otras más, siguen valorándose por su sinceridad y ritmo y no se considera un demérito que estén inspiradas, tanto en temas como en ritmos, en los mejores poetas románticos europeos.





referencias


http://www.elalmanaque.com/biografias/espronceda.htm







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Miguel de Cervantes



nfancia y Juventud
De noble cuna, aunque de pobre familia, nació Miguel de Cervantes el 7 de octubre de 1547. Varias ciudades se disputaron el honor de ser su cuna; hoy se tiene como cierto que nació en Alcalá de Henares, siendo bautizado en la iglesia Parroquial de Santa María la Mayor. Su padre era un pobre cirujano cargado de familia, por lo que el pequeño Miguel no tuvo ocasión de recibir estudios que avivaran su inteligencia. Mas, ésta era tan despierta, y su afición a la lectura tan viva, que de niño recogía y leía hasta los papeles rotos que encontraba por las calles. También, fue enormemente aficionado al teatro y no desperdiciaba ocasión de meterse en los viejos corrales donde se representaban las comedias de entonces. Así pudo admirar al gran Lope de Rueda.

Cervantes en Italia
Al morir la reina Doña Isabel de Valois esposa de Felipe II. Miguel de Cervantes contaba 21 años y vivía en Madrid. Llevado por su afición a las letras, escribió en tal ocasión un soneto, una elegía en tercetos, y otras composiciones poéticas, en alabanza de la soberana fallecida. Tuvo también ocasión de conocer al legado de Su Santidad, Monseñor Julio Acqúa Viva, prelado de 24 años muy virtuoso e ilustrado, a quien agradaba el trato con los más peregrinos ingenios de la época. Al conocer a Cervantes le propuso llevarle a su servicio, al regresar a Italia, a lo cual accedió el joven poeta, pues nada ansiaba tanto como viajar y ver mundo. La Italia del Renacimiento  estaba entonces en todo su esplendor y Cervantes se sintió feliz entre tantas maravillas de arte y de belleza, que más tarde describió en sus novelas.

La batalla de Lepanto
Mas no era Cervantes de la madera de los criados. Pronto se cansó de la vida muelle y regalada que llevaba en casa de Monseñor Acqua Viva, y determinó abrazar la carrera de las armas. Un día, se alistó de simple soldado en la compañía del famoso capitán,
Diego de Urbina. En ocasión en que las naves españolas fueron enviadas por Felipe II, y al mando de Don Juan de Austria, a aliviar la triste situación de los venecianos a quienes hostigaban sin cesar los hombres del Gran Turco, la compañía de Urbina, y con élla Cervantes, fue destinada a la galera «Marquesa». Después de largos días en el mar, la escuadra cristiana descubrió, el 7 de octubre, a la armada turca, frente a las bocas de Lepanto. El ataque lo inició la: «Marquesa» y aunque Cervantes se hallaba enfermo, subió a cubierta y luchó bravamente, perdiendo el movimiento de un brazo en aquella tan gloriosa ocasión.

Cervantes soldado

En adelante fue llamado, Cervantes, «El manco de Lepanto». Sus heridas eran graves y tuvo que permanecer en un hospital de Messina, hasta curarse de éllas. Don Juan de Austria, jefe supremo de la flota cristiana e hijo de Carlos V, le visitó en tal ocasión alabando su valor y dándole algunos ducados para su mejor asistencia. No pasó, sin embargo, de soldado raso, y al quedar restablecido del todo, en 29 de abril de 1572, se incorporó al Tercio del famoso don Lope de Figueroa. En Sicilia y en Corfú, persiguieron y lucharon con los turcos, realizando el 9 de octubre la expedición a Túnez. En este plan guerrero vivió Miguel de Cervantes 5 largos años, peleando por tierra y por mar, gozando con las bellas cosas que veía, pero padeciendo pobreza, privaciones y cruentas heridas. Por ello obtuvo licencia de sus jefes para regresar a la patria.
Cervantes en las mazmorras de Argel
El equipaje de Cervantes fue registrado y al hallársele las cartas para el rey, se le tuvo por caballero muy principal... por lo que al llegar la hora de repartirse los cautivos, Cervantes fue otorgado al arraez Dali Mami. Este, esperando lograr por él cuantioso rescate, lo cargó de cadenas haciéndole pasar por mil penalidades para inducirle a pedir con mayor urgencia el rescate a los suyos. Cuando los padres de Cervantes
supieron lo que ocurría, reunieron todo el dinero que les fue posible y lo enviaron a Argel, pero sólo bastó para rescatar a Rodrigo pues la codicia del arraez pedía por Miguel una suma crecidísima. En el cautiverio, el ánimo valiente de Cervantes fue de gran utilidad a sus compañeros de desdicha. Más de una vez concertó la fuga con ellos y aún pudo salvar a algunos, pagando luego él las consecuencias.

Regreso a la patria
Más de una vez la traición estorbó su proyectada fuga, y de mal en peor, fue a parar, de manos del cruel Dalí Mamí, a las del feroz Azan Agar, quien quería emplearle como remero a bordo de sus galeras. Amarrado con una cadena estaba ya al banco, cuando los frailes redentoristas llegaron a Argel con la misión de redimir algunos esclavos. Era el 29 de mayo de 1580, cuando tuvo Cervantes uno de los mayores contentos de su vida: el de recobrar la perdida libertad, y, después de largo cautiverio, partir sano y salvo para la patria. A ella llegó con la alegría consiguiente, continuando aún por algún tiempo su vida aventurera. Estuvo en Portugal, formó parte de la expedición a las islas Terceras,
fue a Mostagán y a Orán con el tercio de don Lope de Figueroa. y en 1582, regresó ya para siempre a España y se casó en Esquivias, con doña Catalina de Palacios.
Cervantes cautivo
El propio don Juan de Austria, dio a Cervantes cartas de recomendación para el rey de España, añadiéndose otras del Duque de Sesa y de Terranova, virrey de Sicilia, en que se encarecían los méritos de aquel noble soldado. Lleno, pues, de esperanzas, embarcó Miguel de Cervantes en Nápoles y en la galera llamada del Sol, Le acompañaba su hermano Rodrigo de Cervantes y otros muchos distinguidos caballeros y nobles soldados. Después de varios días de navegación, el 26 de septiembre de 1575, la galera española vio acercarse rápidamente una escuadra de galeras turcas. Eran tres naves bien pertrechadas y el bajel uno solo. El combate fue pues, desigual, pero reñido. Muchos españoles quedaron muertos en la cubierta de la galera «Sol» y los otros hechos
cautivos y llevados a Argel. Entre éstos estaba Cervantes.

Cervantes en las mazmorras de Argel
El equipaje de Cervantes fue registrado y al hallársele las cartas para el rey, se le tuvo por caballero muy principal... por lo que al llegar la hora de repartirse los cautivos, Cervantes fue otorgado al arraez Dali Mami. Este, esperando lograr por él cuantioso rescate, lo cargó de cadenas haciéndole pasar por mil penalidades para inducirle a pedir con mayor urgencia el rescate a los suyos. Cuando los padres de Cervantes
supieron lo que ocurría, reunieron todo el dinero que les fue posible y lo enviaron a Argel, pero sólo bastó para rescatar a Rodrigo pues la codicia del arraez pedía por Miguel una suma crecidísima. En el cautiverio, el ánimo valiente de Cervantes fue de gran utilidad a sus compañeros de desdicha. Más de una vez concertó la fuga con ellos y aún pudo salvar a algunos, pagando luego él las consecuencias.
Regreso a la patriaMás de una vez la traición estorbó su proyectada fuga, y de mal en peor, fue a parar, de manos del cruel Dalí Mamí, a las del feroz Azan Agar, quien quería emplearle como remero a  bordo de sus galeras. Amarrado con una cadena estaba ya al banco, cuando los frailes redentoristas llegaron a Argel con la misión de redimir algunos esclavos. Era el 29 de mayo de 1580, cuando tuvo Cervantes uno de los mayores contentos de su vida: el de recobrar la perdida libertad, y, después de largo cautiverio, partir sano y salvo para la patria. A ella llegó con la alegría consiguiente, continuando aún por algún tiempo su vida aventurera. Estuvo en Portugal, formó parte de la expedición a las islas Terceras,
fue a Mostagán y a Orán con el tercio de don Lope de Figueroa. y en 1582, regresó ya para siempre a España y se casó en Esquivias, con doña Catalina de Palacios.

Cervantes y las letrasHemos visto a Cervantes cultivar, desde niño, las letras. De mozo parece haberlas dejado por las armas. No fué así del todo, pues en sus largas andanzas aventureras, recogió de la vida, material abundante para su obra literaria, y aún en las mazmorras de Orán se entretenía en escribir y representar comedias. Es desde su matrimonio, sin embargo, cuando deja definitivamente la espada por la pluma. Ante todo escribe «LA GALATEA», novela pastoril en que tenía grandes esperanzas; y después escribe varias comedias, entre las cuales sólo han sobrevivido a su autor «EL TRATO DE ARGEL» y «LA NUMANCIA». La llegada al teatro español del gran Lope de Vega hace oscurecerse la estrella teatral de Miguel de Cervantes. Como su penuria era grande, Cervantes hubo de aceptar un puesto de alcabalero, equivalente a nuestro recaudador de contribuciones, y habiendo perdido una regular cantidad, fue condenado a tres meses de cárcel.

Don Quijote de la ManchaEn la prisión de Argamasilla de Alba, se dice que fue escrito el «QUIJOTE» y aun el mismo Cervantes lo corrobora en el prólogo a su obra inmortal, y es realmente admirable que en un lugar donde «toda incomodidad tiene su asiento» se escribiese esta obra maestra de ironia y humor. Al salir Cervantes de la cárcel y probar su inocencia, no encontró editor para su libro y en vano se dirigió a los grandes señores de la corte para que costearan los gastos de edición. Sabiendo que el Duque de Béjar, era muy inclinado a proteger las Bellas Artes, rogó a este magnate que quisiera escuchar nada más que un capítulo de la lectura de su libro. No se negó el Duque, en cuyo palacio, ante un selecto público, leyó Cervantes el capítulo anunciado. ..causando tan gran entusiasmo, que el audítorio no le dejó acabar hasta dar fin al último capítulo.

Muerte de CervantesNo hay que decir que el Duque de Béjar costeó la edición del libro. y que éste, pronto se hizo famoso, dando a su autor no ya la celebridad y la gloria, sino la fortuna. Después del «DON QUIJOTE». Cervantes escribió otras muchas obras, siendo las más celebradas entre ellas las Novelas Ejemplares, narraciones cortas en que se refleja la vida española de aquel tiempo. En el año 1615 vio la luz pública la segunda parte de «EL INGENIOSO HIDALGO. DON QUIJOTE DE LA MANCHA»cuyo triunfo fue muy superior al que había obtenido la primera. Los literatos de la época, sin embargo. hicieron sufrir a Cervantes grandes desengaños, pero el pueblo le otorgó la popularidad que merecía. Llegó a la vejez muy pobre y solo pues su mujer había muerto. Le protegió, para que pudiera subsistir, el Conde de Lemos y el 23 de abril de 1616, dejó de existir Miguel de Cervantes Saavedra, siendo su entierro tan humilde como había sido su vida.


referencias

http://www.elalmanaque.com/biografias/cervantes.htm





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Hipócrates




Hipócrates nació en 460 a.C. en la isla de Cos (mar Egeo), y murió en el año 377 a.C. en Larisa (Tesalia). Fue un médico griego llamado desde la Edad Media  el Padre de la Medicina. Figura de gran relieve histórico que ya en época griega adquirió carácter mítico. Pertenecía a una familia de médicos-sacerdotes de Asclepio. Viajó por toda Grecia y probablemente por el Próximo Oriente, siendo considerado durante su vida como un gran clínico. Su figura ha sido venerada durante siglos como personificación del médico ideal y como el fundador de la medicina. Su concepción de la medicina, basada en la experiencia y en la observación, nos es conocida por losAforismos y los tratados que se le atribuyen del célebre Cuerpo hipocrático, conjunto de teorías médicas de la época compiladas por la escuela médica de Cos. Se basan en la teoría de los cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) y en la fuerza curativa de la Naturaleza. El Cuerpo hipocrático contiene unas cuarenta descripciones clínicas que permiten el diagnóstico de enfermedades tales como el paludismo, las paperas, la pulmonía y la tisis. En los escritos dedicados a las epidemias se establecen relaciones entre la predominancia de ciertas enfermedades y determinados factores climáticos, dietéticos, raciales y ambientales. Conserva vigor como código de la moral médica su famoso juramento. Hipócrates formaba parte del grupo de los "médicos", éstos remontaban sus orígenes hasta el dios fundador de la medicina, el cual era normalmente representado en la escultura griega por una caña rodeada por una serpiente; este símbolo se convertiría más tarde en el Esculapio de los romanos.
Hipócrates sigue siendo el símbolo de todas las cualidades y principios morales inherentes a los médicos. Aún hoy en día se observan sus reglas éticas y se pronuncia el juramento hipocrático, a pesar de los más de dos milenios y medio que nos separan de la existencia del célebre médico. En su tiempo, Hipócrates tuvo conciencia de las dificultades de los médicos para ejercer su profesión.
Su visión de la medicina llegó a ser más que como una ciencia, como un arte y una filosofía. Sus convicciones le llevaron a determinar que "la vida es corta, el camino del arte largo, el instante fugaz, la experiencia engañosa y el discernimiento problemático" (frase escrita en el libro de la ilustración). Así, relacionaba las funciones de nuestro organismo con el equilibro de cuatro elementos: la tierra, el agua, el fuego y el aire, los cuales representaban los humores corporales: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra; de la armonía en la producción de éstos o de la temperatura, dependía que se conservara la salud o se cayese enfermo.





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Tales de Mileto



Tales de Mileto (c. 625-c. 546 a.C.). Era un comerciante y legislador griego nacido en Mileto (en la costa Oeste del Asia Menor) o, tal vez, como dice el historiador griego Heródoto, en alguna ciudad fenicia, hacia el 625 antes de Cristo. Según Heródoto, Tales fue un estadista práctico que estaba en favor de la federación de ciudades jónicas de Grecia. Después de su éxito en el mundo de los negocios, Tales lo abandonó para dedicarse a la filosofía y a las matemáticas.
Tales fue el fundador de la filosofía griega, y está considerado como uno de los Siete Sabios de Grecia. Se le conoce como el padre de las matemáticas y   la filosofía griegas. También fue un gran astrónomo capaz de predecir el eclipse solar del año 585 a.C., además de determinar el número exacto de días que tiene el año. Se dice también que introdujo la geometría en Grecia.
Cuando le preguntaron a Tales qué recompensa quería por sus descubrimientos, contestó: "me consideraría bien recompensado si los demás no se atribuyeran mis hallazgos, sino que reconocieran que son míos".
Tales es considerado el primero de los siete sabios griegos por Diógenes Laercio. También se le considera un discípulo de los egipcios y caldeos, suposición de muy buen fundamento por los viajes de Tales a Egipto y Mesopotámia.
No sólo fue el primer filósofo, es decir, el primero que, históricamente, intentó explicar el mundo por causas naturales con los medios de un pensar independiente y adecuado a la razón, sino que también destacó como astrónomo, como ingeniero y como matemático (formuló el teorema que todavía hoy lleva su nombre).
De Tales no se conserva ningún escrito. Su pensamiento nos es conocido a través de otros tratadistas y filósofos griegos, como Aristóteles y Diógenes Laercio. 
Estudios
Según Tales, el principio original de todas las cosas es el agua, de la que todo procede y a la que todo vuelve otra vez. Ha de haber, pues, alguna naturaleza, sea una o más de una, a partir de la cual todo lo demás se genera, conservándose aquélla.
Tal vez llegó a esta concepción tras observar que todas las cosas tienen un elemento húmedo y que el calor se produce y se mantiene en la humedad (ya que aquello a partir de lo cual se generan las cosas es el principio de todas ellas). Por eso llegó a esta concepción y también porque todas las simientes son de naturaleza húmeda y el agua es el principio natural de las cosas húmedas."
Antes de Tales, las explicaciones del universo eran mitológicas, y su interés por la sustancia física básica del mundo marca el nacimiento del pensamiento científico.
Fue capaz de comprender y enseñar lo que había aprendido de su relación con los sacerdotes en Egipto. Se cuenta que en uno de sus viajes a Egipto determinó la altura de la pirámide de Keops, aprovechando la sombra que esta producía en un determinado momento, aquel en el que la longitud de la sombra sea igual a la de la pirámide (los rayos del Sol deben tener una inclinación de 45º), y además perpendicular a la base. Debido a la situación de la pirámide de Keops, en Gizeh, a 30º de latitud en el hemisferio norte, sólo hay dos posibilidades para que Tales realizara esta medición, el 21 de noviembre o el 20 de enero.
Ver cuadro:

Tales fue el primero en demostrar sus afirmaciones, por lo que se le considera el primer matemático de la historia.
Son cinco sus teoremas geométricos:
Todo diámetro bisecta a la circunferencia
Los ángulos en la base de un triángulo isósceles son iguales
Los ángulos opuestos por el vértice son iguales
Dos triángulos que tienen dos ángulos y un lado respectivamente iguales son iguales
Todo ángulo inscrito en una semicircunferencia es recto
Sobre el conocido Teorema de Tales, tal vez no fuera Tales su autor, sin embargo, se le ha atribuido a él por utilizarlo para medir distancias.
Teorema:
Los triángulos BED y CED tienen la misma área, porque tienen la misma base y la misma altura.
Ejemplo:
Calculemos el área del triángulo ADE: Será AD . h / 2 = AE . h' / 2
Calculemos el área del triángulo CDE: Será CD . h / 2
Calculemos el área del triángulo BED: Será BE . h' / 2
Como las áreas de los triángulos BED y CDE son iguales, los cocientes ADE / BED y ADE /CDE serán iguales.
Entónces AD / CD  = AE / BE
Algunas curiosidades sobre el sabio
Tales es recordado principalmente por su cosmología basada en el agua como esencia de toda la materia y por su predicción del eclipse de sol, que debió ocurrir el 28 de mayo del 585 a. C. Lo espectacular de esta predicción es que detuvo la batalla entre Alyattes y Cyaxares en ese año. Es probable que el hecho de que el eclipse fuera total y la localidad afectada correspondiera a la de una batalla importante contribuyera enormemente a la reputación de Tales como astrónomo.
Cuando ocurrió el eclipse de sol, Tales debía estar en el pináculo de su carrera y tener alrededor de cuarenta años. No hay escritos de Tales disponibles, así como tampoco hay fuentes contemporáneas a las que se pueda recurrir como referencia. La inclusión del nombre de Tales en el canon de los legendarios Siete Hombres Sabios condujo a su idealización y después a la leyenda que le acompaña.
Fragmentos y testimonios de Tales.
http://www.filosofia.org/cur/pre/talesfyt.htm




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Epicuro




Epicuro


Busto de Epícuro. Museo de Pérgamo.
Epicuro (en griego Επίκουρος) (Samos, 341 a. C. - Atenas, 270 a. C.), fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo racional y el atomismo.
Defendió una doctrina basada en la búsqueda del placer, la cual debería ser dirigida por la prudencia. Se manifestó en contra del destino, de la necesidad y del recurrente sentido griego de fatalidad. La naturaleza, según Epicuro, está regida por el azar, entendido como ausencia de causalidad. Sólo así es posible la libertad, sin la cual el hedonismo no tiene motivo de ser. Criticó los mitos religiosos, los cuales, según él, no hacían sino amargar la vida de los hombres. El fin de la vida humana es procurar el placer y evadir el dolor, pero siempre de una manera racional, evitando los excesos, pues estos conllevan posterior sufrimiento. Los placeres del espíritu son superiores a los del cuerpo, y ambos deben satisfacerse con inteligencia, procurando llegar a un estado de bienestar corporal y espiritual al que llamaba ataraxia. Criticaba tanto el desenfreno como la renuncia a los placeres de la carne, arguyendo que debería buscarse un término medio, y que los goces carnales deberían satisfacerse siempre y cuando no conllevaran un dolor en el futuro. La filosofía epicureísta afirma que la filosofía debe ser un instrumento al servicio de la vida de los hombres, y que el conocimiento por sí mismo no tiene ninguna utilidad si no emplea en la búsqueda de la felicidad.
Aunque la mayor parte de su obra se ha perdido, conocemos bien sus enseñanzas a través de la obra De rerum natura del poeta latino Lucrecio (que constituye un homenaje a Epicuro y una exposición magistral de sus ideas), así como a través de algunas cartas y fragmentos rescatados.

Biografía

De padres pobres (Neocles, su padre, era maestro de escuela y Queréstrates, su madre, adivina), nació y se educó en Samos, lugar en el que los atenienses habían establecido una cleruquía (colonia). A los catorce años, se trasladó a la isla de Teos, donde estudió con Nausífanes, discípulo de Demócrito. En el año 323 se trasladó a Atenas para cumplir el servicio militar. Cumplido éste, tras diez años dedicados al estudio de la filosofía, comenzó a enseñar en Mitilene, de donde fue probablemente expulsado (310 a. C.), y después en Lámpsaco.1 En el año 306 a. C., a los 35 años, regresó a Atenas, donde fundó su escuela, denominada Jardín. Fue maestro de la misma hasta su fallecimiento en el año 270, a la edad de 72 años. Dejó la dirección de su escuela a Hermarco de Mitilene, quien afirmó que su maestro, después de verse atormentado por crueles dolores durante catorce días, sucumbió víctima de una retención de orina causada por el mal de la piedra. En su testamento, conservado por Diógenes Laercio, otorgó la libertad a cuatro de sus esclavos.2

Obras

A su muerte, dejó más de 300 manuscritos, incluyendo 37 tratados sobre física y numerosas obras sobre el amor, la justicia, los dioses y otros temas, según refiere Diógenes Laercio en el siglo III.
De todo ello, sólo se han conservado tres cartas y cuarenta máximas (las llamadas Máximas capitales), transcritas por Diógenes Laercio, y algunos fragmentos breves citados por otros autores.
Las cartas son las siguientes:
§  Carta a Heródoto: trata sobre gnoseología y física.
§  Carta a Pitocles: se refiere a la cosmología, la astronomía y la meteorología.
§  Carta a Meneceo: aborda la ética.
Las máximas son de contenido fundamentalmente ético y gnoseológico.3
Las principales fuentes sobre la filosofía de Epicuro son las obras de los escritores griegos Diógenes Laercio y Plutarco y de los escritores romanos Cicerón, Séneca y Lucrecio, cuyo poema De rerum natura(De la naturaleza de las cosas), como ya indicamos, expone detalladamente la doctrina epicúrea.

Filosofía

La filosofía de Epicuro consta de tres partes: la Gnoseología o Canónica, que se ocupa de los criterios por los cuales llegamos a distinguir lo verdadero de lo falso; la Física, que estudia la naturaleza; y la Ética, que supone la culminación del sistema y a la que se subordinan las dos primeras partes.

Canónica

La canónica es la parte de la filosofía que examina la forma en la que conocemos y la manera de distinguir lo verdadero de lo falso.
Según Epicuro, la sensación es la base de todo el conocimiento y se produce cuando las imágenes que desprenden los cuerpos llegan hasta nuestros sentidos. Ante cada sensación, el ser humano reacciona con placer o con dolor, dando lugar a los sentimientos, que son la base de la moral. Cuando las sensaciones se repiten numerosas veces, se graban en la memoria y forman así lo que Epicuro denomina las "ideasgenerales" (diferentes a las platónicas). Para que las sensaciones constituyan una base adecuada, sin embargo, deben estar dotadas de la suficiente claridad, al igual que las ideas, o de otro modo nos conducirán al error.
Diógenes Laercio, menciona un cuarto proceso de conocimiento, además de las sensaciones, los sentimientos y las ideas generales: las proyecciones imaginativas, por las cuales podemos concebir o inferir la existencia de elementos como los átomos, aunque éstos no sean captados por los sentidos.
Todos esos aspectos, sin embargo, son sólo los principios que rigen nuestro modo de conocer la realidad. El resultado de su aplicación nos lleva a concluir la concepción de la naturaleza que se detalla en la física, segunda parte de la filosofía epicúrea.

Física

Según la física de Epicuro, toda la realidad está formada por dos elementos fundamentales. De un lado los átomos, que tienen forma, extensión y peso, y de otro el vacío, que no es sino el espacio en el cual se mueven esos átomos.
Las distintas cosas que hay en el mundo son fruto de las distintas combinaciones de átomos. El ser humano, de la misma forma, no es sino un compuesto de átomos. Incluso el alma está formada por un tipo especial de átomos, más sutiles que los que forman el cuerpo, pero no por ello deja el alma de ser material. Debido a ello, cuando el cuerpo muere, el alma muere con él.
Con respecto a la totalidad de la realidad Epicuro afirma que ésta, como los átomos que la forman, es eterna. No hay un origen a partir del caos o un momento inicial. Tal y como leemos en la Carta a Heródoto: «Desde luego, el todo fue siempre tal como ahora es, y siempre será igual».
Esta concepción atomista procede de Demócrito, pero Epicuro modifica la filosofía de aquél cuando le conviene, pues no acepta el determinismo que el atomismo conllevaba en su forma original. Por ello, introduce un elemento de azar en el movimiento de los átomos, una desviación de la cadena de las causas y efectos, con lo que lalibertad queda asegurada.
Este interés por parte de Epicuro en salvaguardar la libertad es fruto de la consideración de la ética como la culminación de todo el sistema filosófico al cual se han de subordinar las restantes partes. Éstas son importantes tan sólo en la medida en que son necesarias para la ética, tercera y última división de la filosofía.

Ética

La ética, como ya se ha dicho, es la culminación del sistema filosófico de Epicuro: la filosofía tiene como objetivo llevar a quien la estudia y practica a la felicidad, basada en la autonomía o autarquía y la tranquilidad del ánimo o ataraxia. Puesto que la felicidad es el objetivo de todo ser humano, la filosofía interesa cualquier persona, independientemente de sus características (edad, condición social, etc.).
La ética de Epicuro se basa en dos polos opuestos: el miedo, que debe ser evitado, y el placer, que se persigue por considerarse bueno y valioso.

Los cuatro miedos

La lucha contra los miedos que atenazan al ser humano es parte fundamental de la filosofía de Epicuro; no en vano, ésta ha sido designada como el "tetrafármaco" o medicina contra los cuatro miedos más generales y significativos: el miedo a los dioses, el miedo a la muerte, el miedo al dolor y el miedo al fracaso en la búsqueda del bien.
Si bien Epicuro no era ateo, entendía que los dioses eran seres demasiado alejados de nosotros, los humanos, y no se preocupaban por nuestras vicisitudes, por lo que no tenía sentido temerles. Por el contrario, los dioses deberían ser un modelo de virtud y de excelencia a imitar, pues según el filósofo viven en armonía mutua, manteniendo entre ellos relaciones de amistad.
En cuanto al temor a la muerte, lo consideraba un sin sentido, puesto que “todo bien y todo mal residen en la sensibilidad y la muerte no es otra cosa que la pérdida de sensibilidad”. La muerte en nada nos pertenece pues mientras nosotros vivimos no ha llegado y cuando llegó ya no vivimos.
Por último, carece también de sentido temer al futuro, puesto que: “el futuro ni depende enteramente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno, de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir infaliblemente ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca”.

El placer y la felicidad

Epicuro consideraba que la felicidad consiste en vivir en continuo placer. Este punto de su doctrina ha sido a menudo objeto de malentendidos, pese a que Epicuro hace una cuidadosa categorización de los placeres, indicando cuáles son recomendables y cuáles no.
En efecto, Epicuro señala que existen tres tipos de deseos:
§  Los naturales y necesarios: las necesidades físicas básicas, alimentarse, calmar la sed, el abrigo y el sentido de seguridad.
§  Los naturales e innecesarios: la conversación amena, la gratificación sexual y las artes.
§  Los innaturales e innecesarios, que considera superfluos: la búsqueda de la fama, del poder político o del prestigio.
Epicuro formuló algunas recomendaciones entorno a todas estas categorías de deseos:
§  El hombre debe satisfacer los deseos naturales necesarios de la forma más económica posible.
§  Se pueden perseguir los deseos naturales innecesarios hasta la satisfacción del corazón, pero no más allá.
§  No se debe arriesgar la salud, la amistad, la economía en la búsqueda de satisfacer un deseo innecesario, pues esto sólo conduce a un sufrimiento futuro.
§  Hay que evitar por completo los deseos innaturales innecesarios, pues el placer o satisfacción que producen es efímero.
También distinguía entre dos tipos de placeres, basados en la división del hombre en dos entes diferentes pero unidos, el cuerpo y el alma:
§  placeres del cuerpo: aunque considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta es la renuncia de estos placeres y la búsqueda de la carencia de apetito y dolor corporal;
§  placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo, pues el corporal tiene vigencia en el momento presente, pero es efímero y temporal, mientras que los del alma son más duraderos y además pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.
Epicuro dice que “todo placer es un bien en la medida en que tiene por compañera a la naturaleza”. Los placeres vanos no son buenos, porque a la larga acarrearán dolor y no sólo son más difíciles de conseguir, sino además más fáciles de perder.
También habla de la importancia de poseer una virtud para elegir y ordenar los placeres: la prudencia.
El discernimiento de los diferentes placeres y la recta prudencia, permiten acercarse a una vida feliz, lo cual constituye el objeto de la filosofía.
Epicuro valoraba como placer fundamental la tranquilidad del alma y la ausencia de dolor: “la ausencia de turbación y de dolor son placeres estables; en cambio, el goce y la alegría resultan placeres en movimiento por su vivacidad. Cuando decimos entonces, que el placer es un fin, no nos referimos a los placeres de los inmoderados, sino en hallarnos libres de sufrimientos del cuerpo y de turbación del alma”.
Una vida en privacía, rodeada de amistades y de placeres moderados con el mínimo de dolores posibles y tranquilidad en el alma, brinda la felicidad.

Aforismos

"El cuerpo, en lances de amor, es parte indispensable del alma."
"El hombre es rico desde que se ha familiarizado con la escasez."
"El más grande fruto de la serenidad del alma es la justicia."
"El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo."
"El sabio no se esforzará en dominar el arte de la retórica y no intervendrá en política ni querrá ser rey."
"No es verdaderamente impío el hombre que niega los dioses que la multitud venera, sino aquél que afirma de los dioses lo que la multitud cree de ellos "
"¿Quieres ser rico? Pues no te afanes por aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia."
"Retírate dentro de ti mismo, sobre todo cuando necesites compañía."
"La autarquía y la anarquía, los mayores frutos de la autonomía".
"Nadie, al ver el mal, lo elige, sino que se deja engañar por él, como si fuera un bien respecto a un mal peor".
"Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita".
"Todo el mundo se va de la vida como si acabara de nacer".
"Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día".
"El que menos necesita del mañana es el que avanza con más gusto hacia él".
"También en la moderación hay un término medio, y quien no da con él es víctima de un error parecido al de quien se excede por desenfreno".
"Límite de la grandeza de los placeres es la eliminación de todo dolor. Donde exista placer, por el tiempo que dure, no hay ni dolor ni pena ni la mezcla de ambos".
"¿Dios está dispuesto a prevenir la maldad pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿No está dispuesto a prevenir la maldad, aunque podría hacerlo? Entonces es perverso. ¿Está dispuesto a prevenirla y además puede hacerlo? Si es así, ¿por qué hay maldad en el mundo? ¿No será que no está dispuesto a prevenirla ni tampoco puede hacerlo? Entonces, ¿para qué lo llamamos Dios?"
"¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros."

"Las enfermedades duraderas proporcionan a la carne más placer que dolor."
§  Fuente: Máximas capitales, IV.
"La necesidad está dentro del mal, pero no hay causa, racional, alguna de vivir con necesidad."
§  Fuente: Exhortaciones, 9.
"Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco."
§  Fuente: Exhortaciones, 68.
"Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 122.
"Quien afirma que aún no le ha llegado la hora o que ya le pasó la edad, es como si dijera que para la felicidad no le ha llegado aún el momento, o que ya lo dejó atrás."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 122.
"Así pues, practiquen la filosofía tanto el joven como el viejo; uno, para que aún envejeciendo, pueda mantenerse joven en su felicidad gracias a los recuerdos del pasado; el otro, para que pueda ser joven y viejo a la vez mostrando su serenidad frente al porvenir."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 122.
"Debemos meditar, por tanto, sobre las cosas que nos reportan felicidad, porque, si disfrutamos de ella, lo poseemos todo y, si nos falta, hacemos todo lo posible para obtenerla."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 122.
"Acostúmbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación. Por tanto, la recta convicción de que la muerte no es nada para nosotros nos hace agradable la mortalidad de la vida; no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque nos priva de un afán desmesurado de inmortalidad."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 125.
"Es estúpido quien confiese temer la muerte no por el dolor que pueda causarle en el momento en que se presente, sino porque, pensando en ella, siente dolor: porque aquello cuya presencia no nos perturba, no es sensato que nos angustie durante su espera."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 125.
"La muerte es una quimera, pues cuando yo estoy, ella no está; y cuando ella está, yo no."
§  Otra versión: "La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo."
§  Otra versión: "La muerte, temida como el más horrible de los males, no es, en realidad, nada, pues mientras nosotros somos, la muerte no es, y cuando ésta llega, nosotros no somos."
§  Otra versión: "¿Por qué temer la muerte?, si mientras existimos, ella no existe y cuando existe la muerte, entonces, no existimos nosotros."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 125.
"Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, éstos han desaparecido ya."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 125.
"El que exhorta al joven a una buena vida y al viejo a una buena muerte es un insensato, no sólo por las cosas agradables que la vida comporta, sino porque la meditación y el arte de vivir y de morir bien son una misma cosa. Y aún es peor quien dice:
bello es no haber nacido pero, puesto que nacimos, cruzar cuanto antes las puertas del Hades
Si lo dice de corazón, ¿por qué no abandona la vida? Está en su derecho, si lo ha meditado bien. Por el contrario, si se trata de una broma, se muestra frívolo en asuntos que no lo requieren."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 126.
"El placer es el principio y el fin de una vida feliz."
§  Fuente: Carta a Meneceo, 128.


Bibliografía

§  Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Literatura, Ciencias y Artes, Barcelona: Montaner y Simón Editores (texto de dominio público), 1887–1910
§  Arrighetti, Graziano: «Epicuro y su escuela», en La filosofía griega, volumen II de la Historia de la filosofía de Siglo XXI, Madrid: Siglo XXI, 6ª ed., 1978, pp. 297-314. ISBN 84-323-0014-4.
§  Spinelli, Miguel: Os Caminhos de Epicuro, São Paulo: Loyola, 2009









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